Espacio Santa Ana: nueve años al servicio de la comunidad

“Vecinos tienen grandes expectativas respecto al futuro del espacio”

En 2008, un grupo de vecinos del Cerro Cordillera, en su mayoría provenientes del Taller de Acción Comunitaria, deciden reunirse para recuperar la primera capilla construida en el sector: la Capilla Santa Ana. Desde entonces, se constituyen como Espacio Santa Ana, una organización que ha centrado sus esfuerzos en mejorar las condiciones de vida de los habitantes de Valparaíso, haciendo énfasis en los aspectos culturales, educativos, laborales, de salud, medio ambiente y de vivienda.

Actualmente, Espacio Santa Ana está compuesto por artistas, vecinos, profesionales, dirigentes sociales y niños, quienes de manera conjunta trabajan en la elaboración y ejecución de planes y programas que fomenten la recuperación de espacios y la participación ciudadana en los barrios de la ciudad puerto.

Para lograr este objetivo, la institución recurre a la memoria colectiva, la identidad local, el arte, la cultura y el relato de los habitantes para construir prácticas cotidianas que contribuyan al rescate de las raíces de los cerros de Valparaíso, especialmente del Cordillera.

En ese sentido, son tres los principios básicos que definen al Espacio Santa Ana como organización: lo comunitario como forma de encuentro en el trabajo cotidiano; lo popular como historia común de unificación; y lo autogestionado como forma de ejercer producción de manera autónoma.

Motivados por el aprendizaje que recibieron desde el TAC, un grupo de jóvenes decidió, en 1997, gestionar la recuperación del edificio de la Población Obrera de La Unión, ubicado en el Cerro Cordillera. El histórico inmueble había sido construido en 1870 por Fermín Vivaceta, y adquirido en 1894 por Juana Ross de Edwards, siendo inaugurado en 1898 como la vivienda social para obreros de nuestro país.

Hacia la década del 2000 el recinto se encontraba en un evidente estado de deterioro, y sus residentes ya habían recibido múltiples amenazas de desalojo. Es por ello que los jóvenes del TAC decidieron hacerse cargo del edificio, trabajando en la reparación del inmueble y en la normalización de los servicios básicos, además de generar lazos con sus habitantes.

Una vez recuperado el edificio de la Población Obrera, este fue entregado a sus residentes en 2008. Tras la experiencia vivida en este proyecto el mismo grupo de había trabajado en este proyecto, apoyados por otros voluntarios, se planteó un nuevo desafío: restaurar la Capilla Santa Ana, la cual estuvo abandonada por más de cuarenta años.

Para concretar este propósito, los vecinos se organizaron a través del Centro del Cívico ex-capilla Santa Ana, personalidad jurídica por medio de la cual firman un comodato con la Fundación Refugio de Cristo para encargarse del inmueble. No obstante, en 2012 se ven obligados a cambiar de nombre legal tras recibir un edificio contiguo a la capilla, en el cual funcionaba, hasta entonces, la Residencia de Protección para Niñas y Jóvenes María Goretti. Tras una serie de diligencias llevadas a cabo por el Ministerio de Justicia, finalmente en 2014 se establece el nombre actual de la corporación. Concretamente, en noviembre de 2014, Espacio Santa Ana adquiere su personalidad jurídica como Corporación de Desarrollo Cultural y Social Capilla Santa Ana del Cerro Cordillera.

No obstante, los precedentes de la organización se remontan a finales de la década de los 80, cuando la ONG CECAP (Centro de Capacitación y asesoría Poblacional) se estableció en el emblemático cerro porteño. De la mano de esta institución apareció, a principios de los 90, el Taller de Acción Comunitaria (TAC), programa que en los años posteriores se transformó en una entidad independiente.

Hoy en día, Espacio Santa Ana se dedica a la recuperación de espacios; la gestión de actividades artísticas y culturales, para lo cual cuentan con una residencia artística, una sala de música, un taller de serigrafía y diseño, y un taller de costura; el desarrollo de programas de investigación, formación y colaboración de carácter regional, nacional e internacional, con distintos actores y con un enfoque orientado en el hábitat; y la articulación de redes con otros colectivos similares para poder resolver problemas en común.

De las cuatro áreas de trabajo mencionadas anteriormente, la recuperación de espacios es el principal motor que mueve a la organización. Desde que los vecinos del Cerro Cordillera se propusieron restaurar el edificio de la Población Obrera de La Unión en 1997, y la capilla Santa Ana en 2008, el espacio ha apoyado a entidades pertenecientes a otros cerros de Valparaíso para que logren el mismo propósito con sus respectivos espacios.

Tal es el caso del Parque Cintura, donde el Espacio Santa Ana apoya a la Agrupación por un Parque en Camino Cintura, personalidad jurídica que surge de la colaboración entre colectivos y residentes de la ciudad puerto, en la intervención de un terreno abandonado entre los cerros Alegre y Cordillera, para dar vida a un nuevo lugar de reunión para los porteños.

“Acá la primera actividad se hizo en septiembre de 2015, llevamos un año y medio de ayuda”, declara Lyza Jorquera, dirigenta de la Agrupación por un Parque en Camino Cintura. Además, agrega que existe un compromiso con la comunidad para que “cuando esto sea un parque de verdad, que sea medioambiental, que tenga hartos árboles y huertas, también tener una zona que tenga algo de artístico, sin llegar a ser un Parque Cultural”.

Perspectivas de los vecinos y voluntarios

Por casi nueve años, el Espacio Santa Ana ha contado con el apoyo de decenas de voluntarios, quienes se han sumado a la causa motivados por trabajar al servicio de la comunidad. Son ellos mismos los que han sido testigos de cómo la organización ha contribuido en la calidad de vida de los residentes de los cerros porteños.

Óscar Cuevas, cura de la Parroquia del Perpetuo Socorro,  colabora ocasionalmente en el Espacio Santa Ana. Para el párroco, el espacio ha sido un gran aporte para los vecinos del Cerro Cordillera, pues asegura que éste ha contribuido en la organización y reactivación de otros colectivos sociales que se encuentran en la zona. “El tema de reactivar, de mostrar que la gente organizada puede realizar cosas en el cerro, creo que eso es muy importante”, declara.

Por su parte, Sebastián Sánchez, quien pertenece a la Escuela República de El Salvador, reconoce que en más de una ocasión ha participado en almuerzos comunitarios, actividades musicales y reuniones que realiza el Espacio Santa Ana. Sebastián destaca que la organización “ha permitido instalar una visión más artística, cultural y territorial” en el sector, incorporando personas que “además de tener un currículum, tienen un oficio y las ganas de trabajar por el cerro”.

En cambio, la señora Inés González, cocinera del Espacio Santa Ana y presidenta de la unidad vecinal 108 de Cerro Cordillera, recuerda que la primera vez que llegó al recinto fue recibida con los brazos abiertos, y que desde entonces ha estrechado los lazos con los demás voluntarios. “Encontré una familia acá, es un espacio que es a todo dar, y lo que más existe es la humanidad de cada una de las personas”, señala.

Óscar, Sebastián e Inés reconocen el trabajo que han hecho los voluntarios de la Espacio Santa Ana hasta la fecha. No obstante, consideran que aún quedan pendientes algunos aspectos claves para mejorar la relación de la organización con el resto de la comunidad.

Por un lado, el párroco Óscar piensa que actualmente la mayoría de las organizaciones están conformadas por adultos, por lo que es necesario motivar a las futuras generaciones para que estas puedan seguir funcionando con el paso de los años. “Creo que Santa Ana puede ser la madre para muchos jóvenes que tienen inquietudes sociales y quieren seguir viendo el Cerro Cordillera como un lugar grato para vivir, grato para crecer y para desarrollarse también”, afirma.

Por el otro, Sebastián cree que aún queda mucho por hacer para lograr una mayor apertura hacia la comunidad. “La gente del cerro no sabe muy bien de qué se trata Espacio Santa Ana, solamente saben que son los chiquillos que se juntan acá. Creo que el nivel de difusión es lo que podría mejorar”, enfatiza.

Por otra parte, la señora Inés ha podido constatar la falta de dinero al interior de la organización, y reconoce que con una mayor cantidad de ingresos podrían financiarse muchos más proyectos de los que se desarrollan hoy en día. “A pesar de que uno dice que con la plata no se encuentra la felicidad, en ciertos aspectos sí hace mucho”, declara.

Asimismo, Daniel Icaza, integrante de la Biblioteca Gutenberg, y la señora Luisa Muñoz, presidenta de la Junta de Vecinos 105 de Cerro Cordillera,  coinciden en que en el corto plazo la organización podrá hacer uso de la Capilla Santa Ana y el edificio contiguo, los cuales aún están siendo reparados. Sin embargo, ambos tienen proyecciones a largo plazo muy diferentes.

 

Por su parte, Daniel anhela que en el largo plazo se pueda abrir una escuela de artes y oficios, pues cree que un recinto de este tipo sería clave para el desarrollo de los habitantes de toda la comuna de Valparaíso, partiendo por Cerro Cordillera. “Santa Ana en estos momentos está con un objetivo y tiene una configuración. El día de mañana quizás es otra cosa, y ojalá siempre vaya mutando de acuerdo a las necesidades que un espacio puede proporcionar”, señala.

La señora Luisa, en cambio, espera que en el largo plazo la institución pueda apoyar a los vecinos del Cerro Cordillera y lugares aledaños en la regulación de sus viviendas, pues muchas no aparecen en los planos del municipio porteño. “Hay muchas propiedades que no fueron pasadas por el Departamento de Obras de la Municipalidad por falta de medios, porque sale muy oneroso contratar un arquitecto que haga los planos”, relata.

Asimismo, la señora Luisa considera necesario implementar, en un menor plazo, talleres que beneficien a la tercera edad. “Nosotros, como adultos mayores, estamos quedando fuera de la tecnología. Yo tengo tablet, pero ahí lo tengo guardado. Entonces, yo planteaba la otra vez que podríamos montar un proyecto para capacitar a la tercera edad”, cuenta.

Desde sus inicios como el Centro Cívico ex-Capilla, Espacio Santa Ana ha trabajado por y para los habitantes del Cerro Cordillera y el resto de Valparaíso, centrando sus labores en la recuperación de espacios públicos, y la gestión de actividades artísticas y culturales dirigidas a toda la comunidad. Es por ello que los vecinos tienen grandes expectativas en torno al futuro de la organización, y la forma en que ésta seguirá contribuyendo al desarrollo de los barrios de la ciudad puerto.

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