#SaludDignaParaTodxs

“La salud de una población depende de la forma en que las acciones políticas condicionan el medio y crean aquellas circunstancias que favorecen la confianza en sí, la autonomía y la dignidad para todo/as, especialmente lo/as débiles”. (Ivan Illich – Némesis Medica)

Por Karo Torres

Cuando tenía 21 años, un amigo murió por negligencia médica en el Hospital Carlos Van Buren. Fue la primera vez que la muerte se coló con la injusta indiferencia frente a mi realidad. Su triste deceso se convirtió en portada de un diario local, argumentando que un piercing en la lengua le habría ocasionado una septicemia, como otras tantas mentiras que llenaron páginas. La verdad era otra: tras varios intentos por ser atendido en la posta producto de un dolor abdominal, fue enviado a casa en tres oportunidades.  

Pedro Luna Jaña falleció un 4 de noviembre del año 2006 (Escribo su nombre para que siga viviendo en la memoria de una ciudad que olvida), producto de una apendicitis no diagnosticada que se trasformó en peritonitis, pese a las idas al centro de salud que concluían que se trataba de “un simple dolor de estómago”.  Pasó la última semana de sus 22 años de vida hospitalizado, mientras su familia intentaba comprender cuál era el mal que lo aquejaba (Los médicos no querían aclarar la causa de la infección). Gracias a conocidos al interior del recinto, se confirmó la negligencia en términos coloquiales (quedando como un nuevo secreto a voces), sin procedimientos judiciales. Mientras esto ocurría los medios desinformaban y algunas personas decían que “era imposible ganarle al hospital”, “allá se cubren las espaldas”, entre tantos otros conformismos. Esta historia quedó en la nebulosa, pero con la plena conciencia de un diagnostico indiferente derivado de la pobreza.

Luego de su muerte, amigos y primos se juntaban seguido, participábamos en actividades en su honor, recordándolo a través de la música que tanto le gustaba. Fue un tiempo de unión en su nombre, festejos y buenos momentos. La resignación ante la negligencia quedó perdida entre el ímpetu de la juventud, descansando sobre la única verdad posible: Nunca más lo volveríamos a ver.  Ahora pienso que debimos organizarnos, acusar en masa a los responsables hasta dejarlos al descubierto. Pero eso lo entrega la experiencia y los ejemplos cotidianos en los cuales nos movemos. Por ese entonces, lo que necesitábamos para unir nuestras voces no logró articularse como una lucha, no contábamos con las herramientas que gestaran esa iniciativa, tampoco nos sentíamos parte de algo que nos convocara a exigir. A veces el dolor es una gran sombra.

Esto lo pienso al ver el ejemplo actual desde mi posición / participación en Espacio Santa Ana, donde la lógica de organización entre centros comunitarios u otras voluntades, se vuelve vital para la subsistencia de nuestros derechos. Lo importante es ver como se ejecutan las acciones y somos impulsados por ideales que forjan el apoyo mutuo. La consigna: Cada vez que sea posible hay que organizarse desde lo popular. Esto no lleva a soluciones inmediatas, pero entrega las confianzas necesarias para hacerle frente al devastador sistema en que nos desenvolvemos como sociedad. Sirve para deshacernos del miedo a decir y actuar, porque no estamos sola/os, aunque nos quieran hacer creer lo contrario. A veces esto último frena nuestros sueños, pero se trata del gran espejismo de nuestros tiempos, que llega con el instructivo de la desconfianza y la soledad, impidiéndonos ver que es posible, negándonos a encontrar en un otro u otra un compañero y compañera de lucha. Cuesta si creemos que la batalla ya está perdida. Esa es la barrera que hay que desaparecer.

#JusticiaParaAmelia

El 4 de Julio del 2018, Amelia Salazar Jorquera de un año y nueve meses, hija de Camila y Mauricio, murió en el Hospital Carlos Van Buren (Pueden leer la historia completa aquí). En el lugar le negaron una cama UCI, asegurando que no tenían. Posteriormente, una voz al interior del recinto les contó que sí había una ¿Las razones? ¿Deberían existir razones para negarle la cama a alguien enfermo/a?  Su causa se encuentra en investigación sumaria y ha derivado una serie de acciones populares que van contra la lógica capitalista y deshumanizada del sistema de salud.

Sus padres, dirigentes del Centro Comunitario Las Cañas (CCC) desde donde nació el ímpetu por exigir justicia, tal y como ha sido su lógica de organización territorial, han sentido lo que han sembrando desde sus prácticas: apoyo y compañerismo.

Mi lazo con el CCC parte con mi trabajo en Espacio Santa Ana, donde llegué al área de comunicaciones hace un par de meses. Antes de la muerte de Amelia, compartíamos mesa en los almuerzos comunitarios con Mauricio y su hermana Oriana, sin tener la oportunidad de conocernos más allá.  Mientras realizaba mis labores en la casona, ellos trabajaban en los arreglos de la ex capilla Santa Ana (parte de la casona) junto a la Cooperativa Cordillera. Está tragedia me llevó a conocer sus prácticas y apoyar sus convicciones, porque quienes luchan por fin común no necesitan mayores presentaciones que sus actos.

El día que murió Amelia, mis compañero/as que llevan más tiempo y quienes han venido trabajando hace años junto al CCC estaban devastados. Yo estaba incrédula y confundida, sumando la rabia y la tristeza frente al hecho. Inmediatamente se activó una red de apoyo importante desde Espacio Santa Ana, respetando las prioridades de quienes habían perdido a su pequeña.

A solo un mes de la negligencia, he visto como mis compañero/as nos incentivamos en contribuir con nuestros conocimientos, asistiendo a velatones, marchas, encuentros entre equipos de trabajo, otras organizaciones y etc. levantando propuestas que terminaron por levantar La Mesa Comunitaria por la Salud Digna, de hecho, mientras redacto estas líneas, un grupo viajó a la Moneda a manifestarse junto a otras organizaciones contra el Acuerdo Nacional por la Salud convocado por Sebastián Piñera (Presidente de Chile) y  acompañar a Mauricio y Camila a una reunión con el actual Ministro de Salud. Las noticias que dieron en ese encuentro son esperanzadoras, relacionadas a la justicia y los Cesfam, esperando que den frutos y no queden en palabras.

Lo sucedido tras la muerte de Amelia, me hace pensar que a pesar del dolor de una comunidad (que nunca más volverá hacer la misma) existe un cariño y empatía que lidera este proceso. Son instancias como estas las que me traen de recuerdo a mi viejo amigo Pedro, pensando en todo lo imposible que, quizás, se pudo hacer si nos hubiésemos organizado. Creo que es emotivo dar cuenta de lo importante de crear comunidad y afianzar lo que nos une, por esta razón, quisiera terminar estas palabras agradeciendo a quienes he podido conocer en este camino, a mis compañero/as de Espacio Santa Ana, que a pesar del cansancio, se comprometen y buscan la forma de contribuir por el bien común; a la familia de Amelia, que han abierto un espacio desde la vulnerabilidad en la que se encuentran, siendo un ejemplo para otro/as. Un gran abrazo a todo el Centro Comunitario Las Cañas, por perseverar a pesar de tantas tristezas,  y sobre todo, en esta lucha que recién comienza y espera mejorar la salud de todo/as nostro/as.

 

¡Salud Digna por ti Pedro, Por ti Amelia  y para todos mis compañerxs!

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