TALLER DE ACCIÓN COMUNITARIA: UN LUGAR CAPAZ DE CAMBIAR LA MIRADA

por Karla Aravena

Mis compañeros y compañeras de Espacio Santa Ana me han hecho una petición: Se trata de volver a un pasado que forma parte mi presente y dejar como testimonio lo importante que ha sido el Taller de Acción Comunitaria en mi vida. Es extraño escribir una “autobiografía”, cuando damos cuenta que somos tan insignificantes en este mundo gigante, pero vale la pena expresar lo que ha significado un espacio que es protagonista de la colaboración en el cerro Cordillera.

 

El COMIENZO DE UN SUEÑO

Mis padres siempre se esforzaron en darme una buena educación, pero a los 15 años, mi relación con ellos se salió de control. Durante un tiempo, me refugie en amigos de aquella época y en una seguidilla de malas decisiones con respecto a mi autocuidado.

No tengo muy claro en qué año llegué al TAC, pero fue entre el 2002- 2003 y tenía 15 o 16 años. Por ese entonces, estaba pasando por una adolescencia dura y con muy poca claridad mental.

Recuerdo como si fuese ayer la primera vez que llegué al TAC. Alguien le había contado a mi mamá sobre su existencia en el cerro Cordillera, destacando que hacían talleres para niñxs y adolescentes. Mi mamá me habló entusiasmada, avisándome que había un taller de arte. Yo desde niña había soñado con aprender sobre arte y me pareció una gran oportunidad. Llegué a la semana de escuela con muchas ganas de aprender e inscribirme al taller. Mientras bajaba las escalas me pareció otro mundo, uno pequeño dentro de un mundo grande. Casi al llegar a la puerta estaba la tía Paty rodeada de niñxs y cabrxs de mi edad, me acerco y le digo – ¿Hay cupo para algún taller?, entonces me pregunta devuelta – ¿Cuántos años tienes? Y al responderle me dice que por mi edad debo entrar como voluntaria, animándome a integrarme.  Le dije que me gustaba arte, pero ya estaba copado con voluntarios. Entonces, aproveché las clases de teatro que tomé en la Iglesia Perpetuo Socorro y fue así como mi primer taller a cargo fue el de teatro. Allí conocí al Mario y Alex, voluntarios adolescentes en el TAC. Fue la primera vez en mi vida donde enfrente a un grupo de niños y niñas, todos diferentes, cada uno con su particularidad y belleza.

Fue una larga semana, planificamos dentro de esos mismos días la escuela. También preparamos una obra que presentamos al cierre del taller, vestuario, puesta en escena, efectos especiales, pero nuestro mayor desafío era integrar a Ale, un niño sordo mudo que era parte de nuestro grupo. Para mi sorpresa no fue nada difícil, porque los niñxs lo integraron y pensaron su personaje.  El taller fue todo un éxito, la obra salió hermosa y disfrutamos mucho a pesar del agotamiento. A la semana siguiente comenzaba la escuela de jóvenes, la tía Paty me invito a participar y acepté. Nos hicieron talleres de liderazgo y hasta de sexualidad. No recuerdo como fue el contexto, pero llegué con uno de mis poemas y se lo mostré a la tía Paty, lo encontró muy bueno y lo uso en uno de los ejercicios, luego se lo dejo para ella. Esa fue la primera vez que sentí que alguien me prestaba atención con algo que me gustaba hacer y que no era impuesto por otro.

Estaba empezando a conocer un nuevo mundo, con personas diferentes a las que yo frecuentaba y que no me apuntaron con prejuicios por mi forma de vestir o pensar, al contrario, me entregaban cariño o palabras de aliento aun sin conocerme. Me hicieron saber que juntos estábamos aprendiendo.

EL TAC Y UN CAMBIO DE VIDA

Para mí, llegar al Tac era entrar a otra dimensión, los problemas de la casa se quedaban en casa y como dentro del lugar no se puede fumar ni tomar porque como talleristas somos el ejemplo, comencé a participar del trabajo con las escuelas y me pegué una de las grandes despabiladas de mi vida. Marcelo Castillo hermano de la tía Paty se dio cuenta de mi vida fuera del TAC y tuvimos una larga conversación que me hizo reflexionar, yo era voluntaria 24/7 y mi vida debía tomar un giro, porque era recurrente encontrarse con los niños en la calle, desde ese entonces hasta ahora ha sido un largo proceso de auto búsqueda, con altos, bajos y estancamientos.

 

 

Luego al entrar al mundo laboral ya se me hacía difícil el participar en el trabajo con las escuelas y solo iba a las semanas de escuela de invierno o de verano, me perdí varias, pero siempre que iba era un momento de aprender, crecer y ser feliz. Una vez la tía Paty nos entregó a todos unos papelitos que decía “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para avanzar.”  E. Galeano.

 


Y empecé a creer en este sueño de que juntos podemos construir un mundo mejor, pero no lograba materializarlo, más que en pequeños aportes en mi  pequeña participación en el Tac, hasta que un día se me hace una invitación a participar de una cooperativa de trabajo (Cordicoop) formada en el Espacio Santa Ana, Nahuel un compañero que conocí en una pasantía que el tac había hecho en monte patria llegó con esta invitación a la cual no dude en decirle que sí, no fue un ingreso inmediato, pasaron varios meses después de esa conversación, me integro a la cooperativa y ahora he reactivado mi participación en el Tac, lo cual me ha hecho muy feliz y me ha devuelto las ganas de construir en conjunto, no fue hasta ahora que he logrado ver todo lo que el tac ha hecho en mí.

 

En una de mis tantas conversaciones dentro de la cooperativa una de mis compañeras La Dany Sayes me dijo, “esto ya no es un sueño, el mundo mejor ya lo estamos construyendo” y sí, al comienzo era un sueño, el sueño de una mujer llamada Patricia Castillo y de muchos otros más que con ella trabajaron para hacer posible este sueño y que hoy a punta de nuestro esfuerzo, convicción y amor estamos materializándolo. A veces nos hemos perdido en el camino, pero siempre volvemos donde mismo, nos construimos como comunidad para ser un aporte en nuestro territorio, a pesar de los altos y bajos, de las penas y alegrías, de las risas y los llantos, me siento una mujer muy afortunada de haber nacido en cordillera, con dos padres que han hecho todo lo que han podido por darme un hogar y una educación, pero aún más afortunada me siento de crecer en este pequeño mundo, un mundo solidario y no competitivo. Quizás mis aportes al territorio nunca serán suficientes,  pero si de algo puedo estar segura, es que así como el tac hace algo en mí, yo quiero traspasar ese saber a mi hijo y contagiar de esa magia a todo aquel que me conozca, no sé cómo hacerlo, es difícil en un mundo lleno de prejuicios, pero mientras tanto seguiré apañando dentro de lo que pueda en la construcción de plazas, en mejoramientos de espacios o en lo que se me requiera, porque en mi espalda siempre cargaré la pala y el chuzo del voluntariado.

 

GRACIAS Y FELICES 30 AÑOS

        Hoy sigo aprendiendo del Tac y sin duda alguna puedo decir que siempre que estoy en el Tac me siento feliz, con los años he logrado formar lazos de amistad con muchos voluntarios como Marcelo Orellana, con el que llevo trabajando en equipo por 15 años, más de una década soportándolo jajaja un gran amigo, con una paciencia única y un talento que desborda.  Estoy muy agradecida de la vida por guiarme a este lugar en donde los sueños colectivos se hacen realidad, en donde la utopía nos ayuda avanzar y en donde nunca dejamos de aprender.

Son tantas las personas que he conocido gracias al tac que me es imposible hacer una lista con sus nombres, pero quiero que sepan que cada uno y una de ustedes han formado parte importante en mi vida y de todos he aprendido algo, les agradezco con el corazón el cariño que me han brindado y como dice la tía Paty “Que no nos pille la muerte sin haber hecho nada

Feliz 30 años queridos amigos y amigas del TAC y que sean muchos más trabajando juntos y juntas construyendo un mundo mejor.

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