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Con silencio y articulación conmemoramos el día más triste.

 

Hoy no es cualquier día. Es un día para conmemorar, para hacer memoria, para no olvidar.

Desde el Espacio Comunitario Santa Ana conmemoramos, paralizando nuestras jornadas y uniéndonos en el silencio en torno a una vela en símbolo de los caídos y las caídas por la Dictadura Militar en Chile.

La luz significa también que la lucha sigue viva, en los sobrevivientes, en los que resisten a este sistema neoliberal e intentar articular y tejer lazos comunitarios. Agradecemos poder compartir día a día con nuestras vecinas y vecinos sobrevivientes, aprender de su experiencia y activar la memoria social de nuestro pueblo.

Si no hacemos la memoria nosotres, no la hará nadie.

Les compartimos el análisis y reflexión histórica que realizó Jorge Baradit, historiador porteño, en conmemoración de este nuevo 11 de septiembre.

“¿Por qué seguimos hablando del 11 de septiembre de 1973?

Porque nuestro país tiene metido en el corazón las ideas de justicia, libertad e igualdad que inspiraron a un grupo de los patriotas de la independencia.

Porque nunca nos hemos acostumbrado al abuso y nos incomodan los privilegios que agreden nuestra intuición de que TODOS somos dignos e iguales.

Seguimos hablando del 11 de septiembre porque fue la última vez que se intentó construir una sociedad igualitaria, poniendo en el centro de todo a la persona, al trabajador.

En septiembre de 1973, la clase trabajadora perdió a su presidente, a su poeta nobel y a su cantor más querido. Perdió el sueño, la poesía y la música, aplastadas con toda la maquinaria de guerra, el metal y las moledoras de carne financiadas por ellos mismos. Porque ellos pagaron las balas que los mataron.

Vamos a seguir hablando del 11 de septiembre, de Allende y Pinochet porque debe ser quizás uno de los dos eventos más importantes de Chile del siglo XX, uno que sigue determinando la política, la economía y la sociedad hasta el día de hoy y quizás hasta cuándo más.

Vamos a seguir hablando del 11 de septiembre porque los sueños truncos son fantasmas que te persiguen. Son el fantasma de Hamlet exigiendo verdad, justicia y vindicación para el sueño muerto, el sueño más importante de todos: la utopía. Porque el que mató al rey sigue vivo y gobernando.

Algo que mucha gente no entiende es que Salvador Allende es mucho más que un proyecto político en particular. Él ya no es una ideología, no es un partido político, no es un modelo económico. Salvador Allende es el sueño del pueblo por una sociedad más justa para todos, la convicción de muchos de nosotros que piensan que hay que seguir peleando y buscando un modelo que vaya más allá de esta «ley natural» que no es ni más ni menos que la «ley de la selva» donde no todos tienen espacio, no todos tienen permiso para ser felices y el dolor o el agotamiento son el combustible que alimenta los privilegios de unos pocos.

Seguiremos hablando de este 11 de septiembre aunque a algunos les moleste, aunque intenten borrarlo de las salas de clases. Porque hablar del golpe es hablar del fracaso de una elite de conmiserarse con su pueblo en la búsqueda de un mejor país para todos. Es hablar de un sueño pendiente que no puede ser eliminado por decreto, porque aunque hayan buscado una solución final exterminando a los luchadores sociales, aunque hayan intentado borrar de nuestra memoria la larga lucha de los trabajadores por justicia, aunque nos hayan intentado robar el alma, aunque hayan ametrallado el cuerpo de su hermano, el sueño sigue ahí. Nuestro triunfo es ese: que pueden matarnos, pero no a nuestros sueños”.

 

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